
Muchos países presentan sus distintivos principales que van aportando los símbolos más patrios de la nación. En la Argentina, un país de grandes extensiones campestres, la flor nacional es el Ceibo, y de ella surgen varias leyendas sobre su nacimiento, aunque la más extraordinaria de todas es la siguiente, la que hasta el día de hoy se cuenta a los más jóvenes en muchos rincones del país.
La historia cuenta que a orillas del Río Paraná, vivía una pequeña niña aborigen llamada Anahí. Ella era no muy agraciada por su belleza, pero llevaba consigo un gran don y que era sus canciones, pues todos los días, antes de que cayera el sol, Anahí comenzaba a cantar sus canciones para sus dioses y la madre tierra.
Pero un día llegaron los invasores colonizadores y junto a muchos aborígenes, fue apresada. Desde ese día, su tristeza era inmensa, lloraba todos los días, hasta que en un momento decidió lo que nadie había pensado hacer.
Aguardando a que el guardia se durmiera, ella hizo una rápida acción, le clavó un puñal y se dio a la fuga, corriendo rápido por el bosque.
Pese a ello, los colonizadores notaron el hecho y comenzaron a perseguirla. Anahí corrió y corrió hasta que finalmente fue apresada por los captores.
Como era de esperar, Anahí fue condenada a muerte, y la manera en que lo harían sería a través de la hoguera. Entonces, fue atada a un palo alto y debajo de ella, colocaron ramas y todo lo necesario para el fuego.
Lo prendieron y las llamas, pese al tiempo transcurrido, demoraban en llegar a Anahí, que permanecía en silencio. Al rato, el fuego comenzó a encargarse de Anahí que ante la increíble sorpresa de todos, mientras el fuego la tocaba ella se convertía en árbol. Así y todo, ante el milagro de la pequeña aborigen, los conquistadores se fueron a dormir.
Al día siguiente, había algo aún más asombroso. Anahí se había transformado en un hermoso árbol, con ramas fuertes, hojas brillantes, flores de colores radiantes y una sensación de gran vitalidad.
Anahía, pese a todo, había demostrado una gran valentía ante los captores. Pues entonces, el árbol fue bautizado como El Ceibo, la flor nacional, en homenaje a la pequeña Anahí.
Foto: Danuqui